Confesiones de viaje…

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Cuando planeamos el viaje en bicicleta, nos focalizamos principalmente en la logística y la forma de plasmar esta experiencia de la forma más clara posible a través del artivismo. Nos llenamos de anhelos e ilusiones, para lograr los objetivos ya sea a nivel físico, emocional e incluso espiritual. Y Para que comentar el golpe,  que sufrieron nuestros familiares y amigos con la noticia. Llenos de preguntas y dudas que iban desde lo más cotidiano (uso del baño)  a lo más trascendental para muchos (y cómo vas a sobrevivir sin trabajo). Dudas que solo motivaron mucho más la idea de intentarlo.

Para ser honestos no somos deportistas… somos más bien inquietos, tampoco tan aventureros… más bien curiosos. Lo que sí, muy sensibles… tanto que somos artistas.

Sugok.

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Si creyéramos en los malos presagios y en la mala suerte, diría que empezamos mal y que no resultaría. A 10 minutos antes de abordar el bus, nos indican que las bicicletas no las pueden llevar. Los motivos puras evasivas, de hecho ese fue el motivo porque elegimos ese medio de transporte, nos aseguraron que no tendríamos problemas.

Si no fuese por nuestros amigos, que se hicieron cargo y comenzaron una campaña para enviarnos las monster, la historia hubiese sido totalmente distinta. Pero la preocupación fue enorme.

Llegamos a Punta Arenas con hambre, con el equipo a medias y sin bicis.  Aún no me podía comunicar con la persona que nos acogería en su casa por unos días antes de embarcarnos a Puerto Williams.

Lo único que atinamos fue ir a un restaurante en la esquina del lugar se llama “La mamma”, amablemente nos recibió a nosotros y nuestros bultos enormes. Tras la conversación supimos que su padre era taxidermista y que había colaborado en la construcción del museo de la Isla Navarino, información interesante para nuestros registros así que, quedamos que a la vuelta pasaríamos a mostrar los registros y a entrevistarlo.

Al rato, estábamos con Geraldine y su familia, quienes nos dieron hospedajes por unos días. Realmente, fueron muy amorosos y su confianza fue un regalo. Al día siguiente, teníamos las bicicletas, caballos de metal o monster con nosotros y recién pudimos respirar tranquilos. Nos abastecimos y a los dos días nos embarcamos rumbo al fin del mundo…

Sugok

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28 de Enero (30 hrs en barco)

Apenas logramos llegar a tiempo, un señor de la tripulación indica dónde debemos dejar el equipaje, la bicicleta amarrada y registrarse. Rápido seguimos el protocolo, para poder contemplar la lejanía de la ciudad desde el mar.

El frío llegó y un pensamiento pegado rondaba, los Yamanas ¿cómo se transformaron en los nómades de estas aguas gélidas, cruzándolas en sus canoas?

Luego, me sentí afortunada por ser testigo del hermoso espectáculo, las verdes islas, glaciares turquesas, la cordillera nevada, hielo flotante, pinguinos, delfines y el cielo azul… que cambiaba a gris, compañero de la lluvia.

De repente en el ocaso siguiente, vi a Puerto Williams, el poblado más austral, inicio de Chile… el comienzo de una vida nómade, pero en dos ruedas.

Sugok

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30 Enero

Ya estamos en ruta, en un lugar desconocido, comenzando una nueva forma de vida y en el fin del mundo. Nos dejaron dormir en el barco, pero a las 8 debíamos abandonarlo, equipamos las bicis, miré el camino y ¡¡¡era ripio!!! suspiré profundo y a pedalear…  son casi 70 kilos que debía mover en ese camino… Una mujer que conocimos en el ferry nos invitó a su casa a desayunar y nos llevaría donde Jorge, el dentista del lugar y nuestro couchsurfing.

La amabilidad de Erika es impresionante, conocimos a su pareja Juan que es pescador y después de un rico desayuno nos llevaron al hotel Errantes. El camino era de aquellos, de ripio, de campo, con hoyos  y cada instante me cuestioné si sería capaz… Claro eso no se lo diría al flaco, porque de seguro me miraría con esos ojos de jirafa, pero enojado.

Algo pasó, tal vez sería la magia del sur o la belleza del silencio, que después de un rato ya no sentí el camino… Una pequeña esperanza en mi misma comenzó a germinar. Llegamos y nuestro anfitrión no estaba en la isla, nos recibieron amablemente los maestros y nos indicaron el lugar donde podríamos dejar nuestras cosas. Pese a que no estaba terminado, el hotel era precioso el piso de piedra negra, las paredes de madera  y el árbol de la pared hecho de troncos de lenga,  creaba un lugar formidable… Sabíamos que debíamos trabajar a cambio del espacio para hospedarnos, pero fue un placer contribuir con tan lindo lugar.

Pasamos 10 días en el “hotel Errante” desaparecimos 5, porque fuimos hacer el circuito de trekking “Dientes de Navarino”…   Espero algún día volver a ese lugar, tomarme unas copas con Jorge y Constanza y recordar estos tiempos aventureros.

Sugok

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Varios fueron los días que intentamos salir de Navarino. Los motivos son muchos, pero todos tienen el mismo sabor, poco grato… ese, que se escapa a tu intervención. Por mientras disfrutamos de la hospitalidad de los amigos Erika y Juanito, quienes nos animaron en cada momento y nos dejaron en claro que bienvenidos seremos siempre.

¡¡Por fin!! una nueva empresa de cruce a Ushuaia nos podrían llevar. Cobraron un adicional por las monster y fuimos 6 pasajeros, pero con las cletas llenamos la van.

Una vez al otro lado del canal, la aduana Argentina nos hace la vida de cuadritos, se les ocurrió que debíamos hacer un registro de cada equipo audiovisual, con sus códigos claros. 3 hr perdimos en eso para que la última persona de aduanas nos dijera que fue una “pavada” ese requerimiento que nos pidieron.

Dimos un par de vueltas a Ushuaia y pese que es una ciudad muy turística, el valor de las cosas nos vomitó… antes que terminará la tarde estabamos en ruta.

Ese día dormimos con los santos trasandinos, con la difunta Correa de entrada y al lado de gauchito Gil.

Sugok

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El camino es hermoso, lleno de valles verdes, montañas azules y vertientes de aguas riquísima… motoqueros en fila, autos y camioneros nos tocaban la bocina saludando y animándonos en las subidas del camino, que se sentían fuertemente en el corazón y en la respiración… a lo lejos distingo en sentido contrario a otro cicloturista, como iba mas lento ví que Omar conversaba con él. Mi sorpresa fue máxima cuando observé su pelo cano que demostraba su edad, unos 70 años. Estaba impeque!! 0 rastro de taquicardia. Se me ocurrio preguntar cuantos km hacía diarios… se me desfiguró la cara cuando me respondió unos 200.

Ese francés había recorrido países completos y no pensaba parar.

Por el resto de camino debía mantener mi dignidad e intentar superar el cansancio de la ruta. Al rato, observé unas chicas en bici y una de ella se devolvió y me preguntó cómo lo hacía y que era muy difícil… parece que tan chanta no era como cicloviajera… era más lenta, más caracol, pero cicloviajera finalmente.

Llena de energía cantaba en ruta, más encima habíamos hecho trueque de mis artesanías por azúcar y sal y pensé ingenua que ya estaba acostumbrándome al camino y sus exigencias… Omar estaba estacionado mirando el horizonte unos metros más allá, pregunte relajada que miraba y una voz preocupada me dice: – El camino…

Unos 20 minutos nos tomó reponernos de la impresión. Frente a nuestros ojos se encontraba el monstruo descrito por muchos cicloturistas, el paso Garibaldi… un camino de montaña, muy cerrado, con gran desnivel y en un día de lluvia.

Una parte de la mitad del tramo lo hice caminando con la bici. No sé que era peor pedalear o caminar, daba igual, si parabas la bicicleta se iba hacía atrás con todo su peso. El frío era mayor porque estábamos en altura y muy cansados, de repente apareció un camino alternativo de ripio que nos llevaba a un posible lugar para acampar.

Ese día en medio de lengas medianas dimos por finalizada la ruta.

 

Sugok

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Sabía que era difícil, pero con toda la actitud pedaleaba, pero el clima patagónico no lo hacía fácil, descendía la temperatura rápidamente y la nube nos atrapaba, nos abrazaba su humedad, nos mojaba en cada oportunidad.

Es rara la sensación de sudor congelado que experimenté, me aturdí cuándo no vi a mi compañero, se perdió en la nube, la visión con suerte era de tres metros y solo se sentía el sonido de camiones que se acercaban… Pedía al cielo que nos hicieran visibles, la sensación de ser tan frágiles y vulnerables era evidente.

En la cumbre de la ruta Omar me esperaba, la visibilidad era mayor, descendimos muy rápido, tanto, que ni cuenta me dí y al terminar congelados solicitamos a policía Argentina que nos facilitará un lugar para preparar chocolate caliente y secarnos un poco. Ellos amablemente nos invitaron a pasar, mientras contaban historias del paso.

Ya repuestos, nos aprontábamos a seguir cuando nos dimos cuenta de un pinchazo en la cleta de Omar. Intentamos repararla con parche, pero la humedad no lo permitió. Cambio de cámara fue la única opción.

Una pequeña lluvia nos tenía congelados, así que, refugio encontramos en un bosque cercano.

Sugok

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Tohuin era el próximo destino, estábamos cerca y la lluvia no paraba. Pedaleamos con todo, las subidas y bajadas ya no eran problemas, de alguna manera me acostumbré… me acostumbré al camino y al peso.

Horas siguientes, la exigencia del camino y la lluvia empezaron a pasar la cuenta, la alegría nos invadió cuando vimos en un letrero que habíamos llegado… el único detalle era que rastros de pueblo  no se veía. Omar preguntó en un conjunto de casa sí eso era el poblado y nos indicaron que a la vuelta del cerro estaba. Mis energías eran baja y caminé… la postura de la cleta me tenía muy complicada, necesitaba una pausa, pero muy larga.

Llegamos a una IPF, estacionamos y a mi regreso Omar conversaba animadamente con unos ches, los que estaban sorprendidos por nuestras monster, también eran viajeros pero de auto. Como es de esperar entre viajeros, más allá de la forma que se emplea para recorrer, los datos no faltaron y siempre son salvadores.

Buscando los datos, cambio de divisa y aceptando el robo que nos hacían (para comer) se largó una lluvia… de esas finas pero muy mojadoras, teníamos que buscar un lugar urgente, un refugio, un espacio ¡¡algo!!

A Omar se le ocurrió ir a los bomberos… al vernos aceptaron ayudarnos, tal vez por pena o porque son simplemente “chicos buenos” (como dice la canción) nos dieron una mano… de verdad fueron el sol que necesitábamos con urgencia.

Los bomberos de Tolhuin fueron lo mejor de tierra del fuego, sus experiencias en esas rutas, los cuidados y los regalos (azúcar, sal y capas de agua) nos ayudaron mucho más de lo que podrían imaginar.

Sugok

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